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Malasia e Indonesia 2019

Kuala lumpur y Borneo

De nuevo al otro lado del mundo, recorro esos paraísos deseados desde Occidente. Paraísos que se desconocen y que al llegar aquí, te das cuenta que tienen una cara B.

Una cara de tristeza, pobreza, suciedad y abandono, pero que apenas das la vuelta a una palmera y te encuentras, un agua cristalina llena de vida, color y turistas chinos con sus cámaras y con noodles en la boca.

Llego a una de las capitales de Asia, Kuala Lumpur, las torres Petronas y su barrio chino, me acogen como unos más. Fácil de moverse, seguros y en silencio. Una gran ciudad que nunca duerme y donde “la city”, nunca deja de crecer.

Sin esperar y aún con el jet lag en el cuerpo, escapo a bucear a uno de esos sitios, donde te trasladas a lo más profundo de tí mismo, Sipadan, en Borneo. Yo, el mar, los animales y de nuevo la soledad de una pequeña isla donde las palmeras y algo de comida te permiten vivir sin conexión.

Tiburones, tortugas centenarias, bancos de peces, corales multicolor y un sinfín de vida marina que solo con estar, emociona.

Así ha transcurrido la primera semana agotado por el calor y la cantidad de agua buceada, pero feliz de disfrutar de uno mismo con un bañador y poco más.

Indonesia, Lombok

17.500 islas (+-) tiene Indonesia y para empezar, caigo en Lombok.

Recorrerla en moto, cargando con la mochila y protegido por Alá, te enfrentas a sus carreteras y a sus locos usuarios intentando no gastar más vidas de nuestro gato español.

Buscas sus rincones, el norte salvaje y montañoso, con el volcán Rinanji y sus imponentes 3.700 mts, te bañas en sus cascadas, vigilado por los monos y buscas a los Sasak, su minoría originaria y como el riquísimo Gado-Gado.

El sur, turístico y explotado, lo dejo para aquellos que disfrutan del Benidorm indonesio y salto a sus playas, salvajes, negras volvánicas, blancas coralinas, viendo como tuvieron un pasado mejor, sobre todo cuando el pasado 5 de agosto, el último terremoto que los asoló, estando, a día de hoy, el país entero reconstruyéndose.

Pero Alá aprieta, pero no ahoga, y al igual que encontro en los bajos fondos, una cerveza fría que me alivie, también encontro a los buenos peculiares indonesios. Gente sonriente y amable que te acoge y alegra el día, llevándote a descubrir las Gili Kondo, unas islas de coral desiertas, olvidadas, a las que el turismo todavía no se ha acercado.

Ahí termina el periplo de una semana larga por Lombok, esperando el ferry que me lleve hasta la isla de Komodo, en busca del dragón y de nuevos rincones dónde bucear.

Komodo y Bali... Semana de guiri

Tercera semana por la Asia profunda y esta vez hubo que claudicar al mundo guiri; ferry de tres días por las islas y dos días en Kuta, sur de Bali, luchando por abrirme un hueco entre chinos y australianos.

Ver de tú a tú a los últimos dragones, no se ve todos los días, pero lo más impresionante es navegar entre esas islas y pensar que estás en Jurasic Park.

Llegar tras alguna que otra peripecia a Bali supuso la vuelta al mundo occidental. Vuelta a las cervezas en cualquier sitio, fast food y lujos en forma de tabla de surf para olvidar los espacios solitarios y rincones únicos.

Aún así, buscando y rebuscando, siempre hay un templo para uno y un atardecer sin chinitos.

Ahora, ya de camino a la isla de Java, la luz del final del viaje empieza a iluminar el camino y las ganas por seguir descubriendo Indonesia, me hace querer adentrarme en el volcán Bromo y bailar con cada una de las figuras que decoran los templos indonesios.

Isla de Java

Última semana de viaje y el arte javanés, indonesio y alternativo te entra por las venas.

Con parada en Yoguiyakarta, son días de callejear por el barrio de Sewon y adentrarme en Malioboro Street, la calle más cosmopolita de esta ciudad.

Aprender cómo se hacen los batik y encontrar el arte callejero de mano de Anagard, es mezclar lo tradicional y lo reivindicativo, la música tradicional y el rock alternativo indonesio… un lugar donde no puedes encerrarte en las cuatro paredes del hostel…. Sal, anda, vive, disfruta!!!

Templos budistas, templos induistas... En un país eminentemente musulmán... no deja de sorprender, y yo buscando siempre el conflicto.

Días de caprichos gastronómicos y de riesgos callejeros. Música y percusiones improvisadas que hacen que Indonesia, su arte y su picante ya forme parte de mi ADN.

Esto se acaba. Kuala Lumpur te abraza de nuevo como colofón a 32 días de viaje y apenas un puñado de las 17500 islas conocidas.

Asia atrapa, sus sonrisas, sus motos locas, su gastronomía, su cultura infinita y a la vez sencilla, hace que todo parezca poco, pero a la vez, la familia, la finca, nuestra comida y vuestra compañía me llama a descansar y a cargar pilas para volver pronto a sacar la mochila a pasear.

Borneo e Indonesia se acaban... Volveré!!!

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